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Actividades desarrolladas por la Comisión: (volver)

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DOCUMENTO DE TRABAJO SOBRE REDES DE TELECOMUNICACIONES

ESTUDIO HISTÓRICO DE UNA RED TELEFÓNICA MODELO:

LA DEL SISTEMA BELL DE LOS ESTADOS UNIDOS

1876 –2000 (volver)

Por Matías Rodriguez Perdomo

 

"En la actualidad, tenemos una perfecta red de tuberías de gas y de tuberías de agua en nuestras ciudades más grandes.  Bajo las calles, hemos tendido las tuberías principales que se comunican por tuberías laterales con varias viviendas lo que permite a sus habitantes obtener sus suministros de agua y gas de una fuente común.

De una manera similar, puede concebirse que se tiendan cables de teléfono bajo las calles, o suspendidos en el aire, comunicándose a través de ramales de hilos con viviendas privadas, con casas de campo, con tiendas, con fábricas, etc., etc., unidos todos ellos, a través de un cable principal con la central local, donde los hilos pueden ser conectados como se desee y así poder establecer comunicaciones directas entre dos lugares cualesquiera de la ciudad"

                       

                                                     Alexander Graham Bell,

Inventor del teléfono y fundador de la  Bell Company.  1877

 

A modo de prefacio

                        El devenir temporal de la red telefónica modelo por definición, la del complejo corporativo Bell, encabezado por su buque insignia, la American Telephone and Telegraph (AT&T),  arroja luz sobre el desarrollo del propio concepto de interconexión, y permite futuros análisis comparativos sobre las realidades evolutivas de las redes de nuestros países rioplatenses. De hecho, el horizonte temporal prácticamente ha sido el mismo: en 1876 se inventó el teléfono y se fundó la compañía Bell en los Estados Unidos; apenas dos años después, en 1878, se efectuaron las primeras llamadas telefónicas en Uruguay y Argentina.

                        Así es que formularemos un análisis por etapas del período que va desde 1876 hasta nuestros días, destacando las percepciones y épocas que en nuestra concepción son puntos de inflexión en la evolución del concepto de red telefónica.

                        Estados Unidos es, hoy como ayer, el modelo de sistema de telecomunicaciones, el mercado más grande del mundo, y la incubadora de la absoluta mayoría de las tendencias que en este negocio recorrerán posteriormente el mundo.

                        Vale entonces, en nuestra opinión este estudio que, sin mayores pretensiones, analiza la evolución de su red pública de conmutada hasta la fecha, y se pregunta que vendrá después.  

a- La etapa de la interconexión.

1-      Introducción.

Cuando el 14 de febrero de 1876 a las 14 horas (dos horas antes que su rival Elisha Grey) Alexander Graham Bell registra su patente del teléfono, modestamente denominada “mejoras al telégrafo”, nadie podía pensar en el imperio monopolístico que se crearía por su causa.  El 9 de julio de 1877 se fundó la Bell Company, y ese mismo año se incubó la batalla mas trascendental para la evolución futura de la red telefónica norteamericana.

Western Union, gigante de la industria telegráfica de entonces, no respetó la patente y creó una empresa rival, a cuyo cargo designó al otro gran inventor norteamericano de la época, Thomas Alva Edison.  Carentes de recursos comparables a los del coloso que enfrentaban, la decisión tomada entonces por el gerente general de la Bell, el abogado Theodore Vail, fue la que definió el pleito: el Sr. Vail resolvió invertir todos los fondos recaudados de los inversores, no en desarrollar técnicamente el producto, sino en el mejor bufete de abogados de la costa este.  La Bell venció finalmente en el pleito contra su competidor y obtuvo 7 años de exclusividad, que le permitieron construir su red y sostener su monopolio de hecho posteriormente.

2-      La primera infraestructura de conexión de abonados. 

Desde la invención del teléfono en 1876 hasta mediados del siglo XX, la telefonía en Norteamérica estaba definida por el reto físico de cablear todo el enorme país del norte.

La industria telefónica comenzó con una tecnología rudimentaria y sin un plan básico de desarrollo.  El principio operativo del teléfono como aparato era tan elemental que cualquiera podía construir uno, y una vez que expiraron las patentes del Sr. Bell y su complejo empresarial encabezado por la AT&T, cientos de talleres estaban dispuestos a fabricarlos para atender la demanda.

Los sistemas de conmutación de llamadas evolucionaron muy lentamente desde su etapa inicial, en que eran pupitres con clavijas manuales. La primera central de conmutación que ofrecía posibilidades de marcación directa a los abonados no fue instalada en el sistema Bell hasta los años veinte,  y no se generalizó hasta los años cuarenta, pese a haber sido inventada en el siglo XIX. 

El factor crítico en la formación del sistema durante este largo período no fue ni la tecnología de los terminales ni la tecnología de las centrales de conmutación.  El desafío estaba en construir la infraestructura para conectar a unos clientes con los otros.  Esta infraestructura estaba basada también en una tecnología extremadamente sencilla, que al principio era de hilos de acero para darle tensión, a veces eran de cobre y a veces de acero recubiertos de cobre para mejorar la conductividad; prevalecían los circuitos que tenían retorno por tierra (para ahorrar el costo del segundo hilo), hasta que el aumento de la electrificación general (especialmente por los tranvías en las ciudades) volvió la tierra demasiado ruidosa para ser usada como vía de retorno del circuito.

Los hilos se apoyaban en postes de madera (preferiblemente de castaño o de cedro que eran resistentes a la podredumbre, hasta que estas especies fueron exterminadas de los bosques), a veces se apoyaban en los postes de los cercos, y a veces se ataban a los árboles; en algunas áreas urbanas donde la maraña de postes e hilos era demasiado densa, se tendían cables subterráneos.

La telefonía era un negocio de la construcción, su arte era el de la instalación de postes, la apertura de zanjas en las calles, la instalación de conducciones para drenar eficazmente, el tendido y sujeción de hilos metálicos, la fabricación de sistemas para soldar, el diseño de aislantes de cristal o porcelana y los tratamientos de la madera para disminuir su podredumbre.  Los primeros números del ”Bell System Technical Journal” están salpicados con artículos sobre estas técnicas manuales.  

3-      La pluralidad de sistemas .

A lo largo de décadas, y abarcando generaciones, se estableció un enredado conjunto de sistemas telefónicos a lo largo de todo Estados Unidos por parte de empresarios, nuevos ricos y aún activistas locales populistas. A menudo, las centrales telefónicas surgían como proyectos meramente para el desarrollo de comunidades aisladas, en especial en las áreas rurales y en los estados alejados de las plazas más fuertes de la Bell, que estaban en la costa Este.

Se otorgaron concesiones, se anularon, se compitió por ellas, se vendieron, se consolidaron empresas y cada año se formaron cientos, y en algún año incluso miles, de nuevas compañías y cooperativas. 

Incluso después del "Compromiso Kingsbury" de 1913, (en el cual AT&T acordó con el gobierno norteamericano comportarse según unas ciertas reglas del juego para evitar el destino de división forzosa que sufrió setenta y un años después) el mosaico de la telefonía americana continuó siendo notablemente heterogéneo y tecnológicamente diverso.  Las centrales se enganchaban a los sistemas vecinos de una forma casi casual, y a menudo los operadores no sabían como estaban enlazados con las redes de nivel superior. 

A veces, las compañías eran hostiles entre ellas y los abonados de un sistema no podían Ilamar a la gente que estaba abonada a otro sistema diferente de la misma ciudad. 

En 1912, la Oficina del Censo de los Estados Unidos recogió los testimonios de un gran número de operadores telefónicos independientes sobre el estado de integración de sus sistemas en un sistema de orden superior.

Este material ayuda a comprender lo desintegrada que era realmente la red norteamericana en este periodo:

·         "Nuestra compañía no tiene conexión de ninguna clase con la Compañía Bell, sea directa o indirectamente, en esta vecindad, y estamos compitiendo directamente con ellos...

·         “Nuestra compañía no tiene conexiones directas con las líneas Bell, pero puede conseguir estas conexiones a través de la “ xx Telephone Co”.  La xx Telephone Co. que opera en este condado con una central local y con su sede social en xxx,  tiene conexión con la Compañía Bell.  Las líneas de larga distancia de la Compañía Bell conectan con la central de conmutación de la compañía mencionada anteriormente, y un cierto número de líneas rurales de esta compañía se conectan con la central Bell de aquella localidad."

·         "Según el conocimiento que yo tengo de los negocios de la compañía no hay conexión directa con la Bell Telephone Co., ni con ninguna otra compañía que opere para ganar dinero”.

·         "La compañía “xxx” opera en este condado y tenemos conexiones indirectas con ellos a través de alguna de sus centrales en el país y a través de familias privadas que tienen teléfonos con líneas de ambas compañías; pero nosotros no tenemos conexión entre centros”.

4-      El esfuerzo por estandarizar y consolidar un orden superior de red.

       Queda claro en estas notas que la compañía Bell hacía las veces de red nacional, o al menos cumplía el papel de sistema de orden superior de las redes existentes. Los sistemas telefónicos independientes y en competencia se mantuvieron en algunas grandes áreas urbanas hasta bien entrados los años veinte y treinta, y todavía entonces se utilizaba como  arma competitiva la garantía de una interconexión de alta calidad. 

       Esta situación no contribuyó a consolidar una obra tecnológica sin fisuras.  Las pequeñas compañías independientes (como las que efectuaban los comentarios recogidos por el censo, que glosamos, y cuyos derechos subsisten hasta hoy), a menudo seguían sus propios criterios en su aproximación a una verdadera red telefónica. Por su parte, las grandes compañías independientes siguieron programas técnicos divergentes y a menudo desarrollaron sus propios equipos.

       El concepto de "estándares" en telefonía fue discutido durante muchos años, pero en el terreno de la realidad, hubo pocos avances hacia algo que pudiera Ilamarse un cuerpo uniforme de prácticas técnicas y operacionales para telefonía.

     Durante este período, la industria en su conjunto luchó contra obstáculos económicos y logísticos, solamente para conseguir objetivos bastantes limitados, el más importante de los cuales era suministrar a tanta gente como fuera posible, los medios para poder "hacer una llamada". Algunas veces esto significaba lo mismo que para un usuario contemporáneo, es decir, una línea de acceso privada para un solo abonado, que conecta una domicilio individual con la red. Pero la mayoría de las veces significaba solamente un circuito compartido, que frecuentemente daba servicio a ocho o más hogares, y quizás a cincuenta o más personas.

     En realidad, para la mayor parte de los norteamericanos de entonces, hacer una Ilamada significaba disponer de una ficha para poder utilizar un teléfono público en la esquina de una estación de nafta o en una tienda.  Incluso tan tarde como 1950, dos tercios de todas las líneas residenciales de los EE.UU. eran compartidas.

El único "servicio de red" suministrado durante esta época era la conmutación de circuitos para llamadas de voz; en otras palabras, la interconexión de dos individuos para una Ilamada telefónica vocal. 

Para la mayoría de la gente durante este periodo el "servicio telefónico" significaba estrictamente servicio local.  Las líneas de larga distancia, cuando estaban disponibles, requerían condiciones especiales, y frecuentemente no podían interconectarse a líneas de centrales locales ordinarias. Ciertamente, poca gente necesitaba hacer Ilamadas de larga distancia en forma regular.  El ya referido censo de 1912 encontró que sólo el 2 % del tráfico telefónico iba por líneas de larga distancia, incluyendo de estas cifras las “Ilamadas internas" o "privadas de la compañía telefónica", las que probablemente representaban la mayoría absoluta de ese tipo de comunicaciones durante este periodo. 

Durante esta primera etapa, la inmensa mayoría interpretaba la telefonía en términos de lo que hoy Ilamaríamos un “servicio de emergencia”. No era la comodidad ni la calidad  lo que importaba, sino la simple oportunidad de hacer una llamada.

      Reiteremos que durante la mayor parte de este periodo, la red no estaba ni siquiera totalmente interconectada.  Solamente el sistema Bell, cuya propia existencia representaba un evolucionado concepto de marketing competitivo para la época, ofrecía un grado de integración modesto, y exclusivamente entre los sistemas telefónicos urbanos del Este.

            Por supuesto, la Bell monopolizaba el servicio de larga distancia; pero sin un plan maestro que buscara la instalación de una red nacional eficiente.  Durante casi cincuenta años la telefonía del lejano Oeste se desarroIIó en medio de aislamiento físico.  En el Sur, grandes segmentos de la población fueron completamente pasados por alto por los constructores del sistema  [recordemos que entonces el Oeste y el Sur de los Estados Unidos eran política y económicamente marginales].

            Incluso en el Medio-Oeste, en una época tan tardía como la Primera Guerra Mundial, la mayoría de los teléfonos eran operados por compañías distintas de la Bell:  los abonados a sistemas independientes superaban a los abonados de la Bell en Ohio, Indiana, Wisconsin, Minnesota, Iowa, Missouri, las Dakotas, Kansas, Kentucky, Carolina del Norte, Florida, Arkansas, Nevada y Texas (y servían a más de un tercio del total de los abonados en otros trece estados, incluyendo estados industriales claves como Illinois, Michigan y Pennsylvania). 

            A pesar de que la antigua política competitiva de AT&T de rechazar la interconexión con estos operadores "extraños", terminó con el denominado “Acuerdo Kingsbury” en 1913, puede asegurarse que hasta los años veinte la mayoría de los abonados a sistemas distintos del Bell tenían unas interconexiones "considerablemente menos eficaces" que las de sistema de larga distancia de la Bell. 

   Aunque literalmente había miles de compañías de teléfonos independientes y decenas de miles de redes privadas, muchas de ellas estaban operadas por cooperativas de granjeros rurales y no poseían facilidades de llamada de larga distancia de ningún tipo.

      Durante décadas muchos de los sistemas telefónicos parecían islas aisladas, que daban servicio solamente a sus propias comunidades.  Había muy pocos estándares comunes para los equipos, pues hasta 1925 no existieron los Laboratorios Bell. No había tampoco, ni aún como concepto, una red pública de telecomunicaciones unitaria.

5-      el impulso de la segunda guerra mundial.

            Solo al final del período analizado, que duró setenta y cinco años, pudieron superarse los obstáculos de tipo político, económico y técnico para la interconexión y comenzar a hablar con propiedad de una sola red que sirviera a todos los Estados Unidos. 

            El cambio era mas que una mera acumulación de líneas telefónicas: se trató de un salto cualitativo y conceptual, técnico y administrativo, en la naturaleza del servicio telefónico.  Al final de la segunda guerra mundial, millones de hogares todavía no tenían teléfono, pero la América urbana estaba completamente interconectada y el camino hacia el verdadero servicio universal, incluso para las áreas rurales, parecía estar claro. 

            Los que tenían teléfono podían llamar ahora desde sus centrales locales aisladas e interconectarse con otros abonados y sistemas a lo largo de todo el país en forma rutinaria.  Aunque en los hechos, la conexión a los servicios de larga distancia iba detrás de la automatización del servicio local, tanto en velocidad como en utilidad.

            Incluso en 1950, lo que se empezaba a llamar DDD (marcación directa a distancia) era básicamente desconocido para el cliente promedio, y las Ilamadas de larga distancia debían ser establecidas por operadores humanos que, cuando el circuito estaba establecido, recién lo notificaban al Ilamante.  No obstante, ya era usual que alguien llamase desde su propia casa a una ciudad distante, algo que no había sido posible para la mayoría de los abonados de una generación anterior.

      Cuando el sistema llegó a estar completamente interconectado surgió un nuevo problema:  la estructura y las tecnologías que habían funcionado pasablemente bien en pequeña escala, eran cada vez menos adecuadas para un sistema nacional que daba servicio a decenas de millones de abonados. Fue necesario hacer evolucionar las estructuras jerárquicas añadiendo lo que, en algunos casos, llegaron a ser de cinco a siete capas por encima del nivel de las centrales locales. 

            La automatización llegó a ser una necesidad para el crecimiento.  Las nuevas capacidades cualitativas de una red automatizada y unificada trasformaron, de repente, la concepción de las telecomunicaciones después de la Segunda Guerra Mundial. 

            El conjunto de las conexiones telefónicas afiliadas a las distintas redes, concepto que tuvo poco significado en los primeros setenta y cinco años de la telefonía, se convirtió en La Red”.  En este sutil desplazamiento de los términos, se refleja una asombrosa metamorfosis tecnológica que se desarrollará durante los cuarenta años que van desde 1950 a 1990.

b- La época de la Red (1950-1990)

            La aparición de una red unificada señala el comienzo de la segunda era de la telefonía norteamericana. Esta fase, que dura aproximadamente desde 1950 hasta 1990, ha coincidido con la finalización de la obligación de servicio universal, habiéndose extendido el servicio telefónico durante su vigencia hasta cubrir aproximadamente el 90 % de la población de USA. Pero este tardío logro de la universalidad no es el elemento esencial de esta segunda era. El carácter fundamental que tuvo esta segunda época ha sido la revolucionaria transformación del núcleo de la infraestructura de la red por medio de la tecnología avanzada.

6-      Nueva concepción, menores costos.

            Para comprender el alcance de la transformación, considérese el panorama de la telefonía en 1950.  Había aproximadamente 30 millones de líneas de acceso, y quizás el doble de abonados, contando las líneas compartidas, a los que se daba servicio con unos 200 millones de Km. de infraestructura de acceso local (local loop), y 44 millones de Km. en circuitos de larga distancia.  En otras palabras, la red local era unas cinco veces mayor que la red de larga distancia.

       En 1950, la red era cien por ciento analógica (la palabra "digital" era, en sí misma, un neologismo que todavía no tenía ningún significado en telefonía). 

       La red vocal se basaba totalmente en una planta de cobre.  La infraestructura de conmutación se apoyaba en maquinaria electromecánica; en realidad, una parte importante de los abonados todavía estaban conectados a centrales manuales.

       Las conexiones de larga distancia se hacían todavía en su mayor parte mediante líneas de postes de hilo desnudo.  Aún no existían en la práctica los radioenlaces de microondas.

       El transistor era desconocido para los ingenieros que trabajaban en la industria, pese a haberse inventado en 1947 en los laboratorios Bell. A pesar de algunos fecundos desarrollos en los laboratorios Bell y en otras partes, que posteriormente se revelarían como de un gran significado histórico, en 1950 la tecnología fundamental con la que estaba construido el sistema telefónico había cambiado muy poco en este primer medio siglo.

       Cuarenta años más tarde, sin embargo, en 1990, la red se había transformado completamente. A primera vista impresionan los aspectos cuantitativos de esta transformación.  El tamaño total de la red interurbana se multiplicó por 100, hasta el orden de 4.000 millones de circuitos-km.  Por lo tanto, el 99 % del núcleo de la red se construyó en esos 40 años. 

       Pero quizá las estadísticas enmascaran un aspecto más importante de esa transformación: la mayor parte del crecimiento no tuvo lugar en el acceso al abonado, que se multiplicó por menos de 3 en ese período, sino en las redes entre centrales, tanto para trayectos cortos como para largos. La longitud de la planta externa asociada a bucle local aumentó hasta unos 500 millones de circuitos-km,  un incremento de sólo 2 veces y media en 40 años.  Entonces, la relación entre la planta de abonado y la red de transmisión ha cambiado drásticamente.  En 1950, la planta local o de abonado era, aproximadamente, cinco veces mayor que la red de tránsito.  En 1990, la relación se ha revertido: el número de circuitos-km entre centrales es de seis a ocho veces mayor que el número de circuitos-km de la planta local. En términos menos abstractos, esto significa mis circuitos de larga distancia per capita y una red de enlaces entre centrales más densa entre las grandes áreas urbanas. 

       En pocas palabras, la red se volvió más densa, más interconectada y con capacidad de transportar mucho mas tráfico per cápita.  Esto se reflejó en un crecimiento más rápido del tráfico entre centrales y de los ingresos correspondientes. En el mismo período, los costos reales de una llamada de larga distancia nacional e internacional en los Estados Unidos (corregidos por la inflación) cayeron aproximadamente a una centésima parte de los vigentes en la década del 40, gracias a los enlaces de microondas y los satélites de telecomunicaciones.

7-      incorporación de inteligencia en la red

       Para 1990, la red se había vuelto altamente automatizada. Las computadoras pasaron a Ilevar a cabo el encaminamiento del tráfico telefónico. El establecimiento de Ilamadas por medio de operadoras fue totalmente sustituido por la marcación automática, incluso para la mayoría de las comunicaciones transatlánticas. Muchos de los servicios de información rutinaria pasaron a ser ejecutados total o parcialmente por máquinas. Se automatizaron las Ilamadas con tarjetas de crédito. Muchas de las funciones de supervisión y de mantenimiento pasaron a ejecutarse sin la intervención humana. Los informes y avisos de problemas en la red pasaron a encaminarse a los centros regionales de gestión de red, donde se toman las decisiones, que frecuentemente ya no involucraban personal local. Incluso operaciones como la provisión de circuitos y los cambios de números de teléfono, pasaron a llevarse a cabo desde terminales distantes situados en instalaciones centralizadas,  en lugar de hacerse localmente.

       El ambiente de trabajo de la red se transformó; cuarenta años antes las centrales telefónicas típicas eran grandes edificios con mucha maquinaria ruidosa y el bullicio de gente ocupada; en 1990 las centrales telefónicas contaban solo con la silenciosa presencia de la electrónica y, quizás, uno o dos técnicos vigilando una pantalla en la que aparecen mensajes de diagnóstico

8-      el crecimiento de la red digital.

      En 1990, con el crecimiento aún sorprendente de la fibra óptica en la transmisión de larga distancia, la red norteamericana estaba convirtiéndose rápidamente a la digitalización. Sin perjuicio de una importante base analógica instalada, mas de la mitad de los enlaces entre centrales eran digitales, y la conmutación se realizaba en un 65% en centrales digitales. Los estándares desarrollados por Bell Core estimulaban la adopción de tecnologías digitales.

         Los servicios de red pasaron a englobar mucho más que la telefonía vocal. Las comunicaciones de datos empresariales comenzaron a crecer a gran velocidad. El fax fue otro servicio no vocal que, en muy corto espacio de tiempo, se instaló en la escena de las telecomunicaciones. Y con los principales operadores telefónicos reclamando ante el Congreso y ante la F.C.C. que se les permitiera entrar en el negocio de la televisión (lo que recién lograrían en 1996), comenzaban a vislumbrarse la transformación de un sistema de telecomunicaciones orientado a la voz, en algo mucho más amplio, en un sistema para el procesamiento de señales digitales. El contenido fundamental de estas señales -voz, datos, video- sería menos importante que los parámetros tales como ancho de banda, tolerancia en el retardo, errores en los bits. 

         Los arquitectos de los sistemas empezaron a sacar partido de la flexibilidad digital para imaginar la creación de una amplia variedad de nuevos servicios para las comunicaciones vocales, las comunicaciones de datos, las redes privadas, el video, todos ellos capaces de ser sustentadas por una infraestructura de red común. Aunque la mayoría de los conceptos de servicios estaban todavía en su infancia y sin estándares, la tendencia ya era clara y la mayor de los fabricantes de equipos alinearon sus plantas en esta dirección general.

Por tanto, hacia el final de esta segunda era emergió una nueva visión de una red unificada, sin fisuras, transportando billones de moléculas uniformes de información cada segundo, completamente transparente a todos los servicios, sean estos de voz, datos o video.

Pero todavía permanecía un obstáculo fundamental.  La infraestructura de la red (las centrales telefónicas y los enlaces entre centrales) estaba siendo transformadas por la tecnología para albergar esos nuevos servicios; pero la posibilidad de Ilevar estos servicios a los usuarios se dificultaba por el sistema de líneas de acceso telefónico basada en pares trenzados de cobre, la misma tecnología que había utilizado Alexander Graham Bell mas de cien años antes.

El acceso local parecía ser el primer cuello de botella en la evolución continua de toda la red.  Y no se vislumbraba un estímulo suficiente en el horizonte previsible para atacar seriamente ese cuello de botella a corto plazo.

c- la época del acceso: después de 1990.

Esta tercera etapa, desarrollada en la última década del siglo XX, cuenta con hitos históricos trascendentes, como la ley de telecomunicaciones de 1996.  Pero señalemos en forma general que, al llegar a esta última era, la red de telefonía ya es considerada como la red de telecomunicaciones, orientada no ya al transporte de voz, sino al procesamiento de señales digitales. Este concepto integrador parte de la infraestructura existente 100% digital (en la práctica) tanto en transmisión como en conmutación. 

La red es cada vez más inteligente, y el software es el recurso dominante. La fibra óptica ha desplazado casi totalmente a los enlaces de microondas, por razones de capacidad y costos. Las arquitecturas  de señalización y control permiten a los administradores una flexibilidad de gestión impensable 10 años atrás.  El ancho de banda se convierte en un negocio en sí mismo,  básicamente empujado no por los servicios empresariales de datos, como se esperaba en 1990, sino por un fenómeno denominado “Internet” que requiere acceso hogareño de alta velocidad relativa. La conmutación de circuitos se hace obsoleta, y las redes comienzan a migrar a la conmutación de paquetes, apareciendo el protocolo IP (Internet Protocol) en el horizonte como el probable estándar de las redes en el futuro inmediato.  De hecho, los fabricantes de equipos están, nuevamente, realineando sus producciones en ese sentido.

La planta de cables de pares trenzados convencional no desaparecerá de la noche a la mañana; la inversión instalada en 1990 de alrededor de 130 millones de líneas de acceso era demasiado importante. Y hubiera sido un peso muerto frenando con su inercia la introducción de nuevas tecnologías, si no fuera porque su propio valor intrínseco, y la aparición de la INTERNET con su crecimiento exponencial, han estimulado el desarrollo de nuevas tecnologías que lo utilizan, para brindar anchos de banda al abonado suficientes para los nuevos servicios. 

En este sentido, las tecnologías tipo DSL (línea digital de abonado), incluyendo las explotadas comercialmente hoy como ADSL y XDSL, permiten ya brindar en el loop de abonado anchos de banda suficientes para servicio de video, con calidad aceptable en distancias promedio.

Pero esto no es suficiente: para la industria, es imperativo romper el cuello de botella del acceso. Si no lo lograra, de poco valdrían las nuevas jerarquías de transmisión digital, y el modo de transferencia asíncrona (ATM), en los enlaces entre centrales.

            Un paralelismo con los ferrocarriles es válido cuando remarcamos la relativa insignificancia del costo de las locomotoras en la construcción de todo un sistema de ferrocarriles. Hoy la industria telefónica esta enfrentada a un problema similar al que sucedería si la gente del ferrocarril hubiese inventado un nuevo tipo de locomotora que prometiera grandes ventajas en características y en economía pero requiriese una nueva tecnología en las vías y hubiese que reemplazar la infraestructura existente

       En efecto, la importancia del plantel de acceso de cobre en todos los aspectos económicos de la telefonía (y también en sus características técnicas) es algo que la industria ha tenido siempre presente.  Es sorprendente el peso que tiene el cobre instalado en los análisis de costos y en los modelos de planificación.

       Históricamente la evolución telefónica ha estado dirigida por el problema del costo del cobre. Desde los primeros análisis de la transmisión eléctrica, principalmente para apoyar el diseño de los cables, hasta la elaboración de la técnica de las portadoras por división de frecuencia (para tener mas capacidad por kg. de cobre), a las primeras jerarquías digitales (para reducir la necesidad de pares de hilos en los circuitos de enlaces entre centrales), e incluso, los primeros planes para la Red Digital de Servicios Integrados, el principal objetivo ha sido  encontrar alguna manera de mitigar la carga económica de la red de acceso de pares trenzados de cobre.

            En ésta tercera época de la red, probablemente se supere la supremacía del cobre.  Mas allá de haberse desarrollado las tecnologías DSL a través de módem digitales en el par de abonado, los desarrollos actuales apuntan a dos grandes vertientes en el acceso: el FTTH, fibra óptica hasta el hogar (combinada o no con cable coaxial), y el acceso local inalámbrico (WLL, wireless local loop).

          La actual tendencia parece indicar que la fibra óptica, al continuar bajando los costos, será la natural sustituta en el acceso del par de cobre tradicional en el mediano y largo plazo.

          La radio digital, mas allá de experiencias interesantes en telefonía fija como la aplicada en Uruguay con normas tales como DECT europea (proveedor Ericcsson)  y PHS japonesa (proveedor NEC) que proporcionan bajo ancho de banda, aparentemente se orientará fundamentalmente al acceso móvil a la red, a través de las nuevas generaciones de celulares en desarrollo actualmente, con acceso múltiple por división de código (CDMA).

d- Breve visión regulatoria.

            Este sucinto análisis de la historia de la red norteamericana no estaría completo si no señaláramos rápidamente la influencia del aspecto regulatorio en su desarrollo.

En los Estados Unidos, la telefonía ha estado sujeta a numerosas regulaciones estatales y federales durante cerca de noventa años. Desde la invención del teléfono en 1876, hasta 1913, las reglas de juego vigentes fueron las del mercado, si incluimos en esa concepción los derechos de patente que favorecieron a Bell hasta su expiración en 1890.

            Las normas que entonces regulaban las telecomunicaciones eran las de la ley federal de comercio interestatal de 1887, si bien en 1910 y luego en 1921 se incorporaron a esa ley normas específicas sobre telefonía.

En 1913 el gobierno norteamericano abandonó parcialmente su lucha antimonopólica contra el sistema Bell (AT&T), mediante una tregua denominada “acuerdo Kingsbury”. 

Luego, ya en 1934, con la aprobación de la “Communications Act" y la creación de la FCC (Comisión Federal de Comunicaciones), la intervención del gobierno aumentó drásticamente.

        A partir de esa ley, en los EE.UU. el derecho a operar esta servicio público fue asignado a concesionarios. La fijación de sus precios estaba regulada para asegurar la equidad; al concesionario privado se le garantizaba una razonable tasa de retorno de sus inversiones y se le protegía contra la competencia.

       En el fondo, había un pacto social: el concesionario aceptaba promover el llamado “servicio universal”, que algunos importantes autores han descrito como “un sincero deseo, que se inscribe vagamente en la ley y que tiene un cierto margen de interpretación, de que todos los ciudadanos americanos tendrán la oportunidad de tener un teléfono a un precio razonable” [Bonbright, Danielsen y Kamenschen, “Principles of Public Utility Rates”, 1988].

       Pero las tensiones internas del modelo continuaban, y en un proceso de apertura que se inicia en 1984 con el “fallo final modificado “ del Juez Harold Greene disponiendo la división del complejo empresarial Bell, se llega a la ley de telecomunicaciones de 1996, que abre en teoría a la competencia el acceso local en todos los Estados Unidos.

            El edificio de la reglamentación telefónica norteamericana está muy lejos de ser homogéneo.  En el sistema de aquel país, quizás único en el mundo, no hay un sólo centro con autoridad para supervisar, ni un plan nacional coordinado, ni una política expresa de telecomunicaciones.

       A lo largo de los años ha habido tres grandes vías de política reglamentaria, a menudo enfrentadas no solo con los operadores, sino entre ellas.

            En primer lugar están los Tribunales y el Ministerio de Justicia, que han sostenido una campaña continua bajo la bandera del antimonopolio, marcada por largos periodos de contienda latente, interrumpidos por procesos de los que hacen época, siempre contra la BELL, a los que a su vez han seguido treguas (por ejemplo, el Acuerdo Kingsbury de 1913, o el “Consent Decree” de 1956); o que marcaron puntos de inflexión, aun cuando no hayan dado soluciones definitivas frente a disputas posteriores. 

            Fue importarte el fallo de 1968 en el proceso “Carter Phone contra AT&T, en el cual se separó el mercado de terminales. Pero sin duda el más famoso fallo judicial de este tipo fue el “Dictamen Final Modificado” (MFJ) del Juez Greene de la Corte Federal, que en los años ochenta lanzó a toda la industria a una nueva órbita, con el desmembramiento del sistema Bell.

       II- La segunda vía de reglamentación proviene de la ley de Comunicaciones de 1934 (Communications Act), y de la creación de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC), que se encarga de la reglamentación de las telecomunicaciones interestatales y del uso del espectro radioeléctrico.  Desde los años treinta, el papel de la FCC ha evolucionado y se ha vuelto mas sofisticado. Después de todo la red camina hacia la integración, y requiere una visión regulatoria de conjunto.

          III- La tercera son las 50 comisiones estatales de servicios públicos, emitiendo continuamente decisiones sobre temas de tarifas y otras materias reglamentarias.

            Todas estas vías regulatorias han afectado la evolución de la red a lo largo de décadas: y nuevamente lo hizo la “Telecommunications Act” de 1996.

            Al eliminar las restricciones al cruzamiento de operadores entre servicios de telecomunicaciones, la nueva norma impulso la convergencia de servicios, y por lo tanto, estimuló a los diseñadores de redes y a los fabricantes de equipos, a orientarse hacia redes integradas.

            El futuro cercano mostrará el resultado de esta evolución.

BIBLIOGRAFIA CONSULTADA EXCLUSIVAMENTE SOBRE ASPECTOS HISTORICOS DEL SISTEMA BELL.

“Marco jurídico y formas de gestión en telecomunicaciones”, Matías Rodríguez Perdomo y Carlos Bastón.  Fundación de Cultura Universitaria, Mdeo. 1991

“A History of Engineering and Science in the Bell System: The early years (1875-1925)”, Bell Telephone Laboratories, 1975, M.D. Fagen, ed.

“A History of Engineering and Science in the Bell System: Transmission Technology (1925-1975)”, E.F. O´Neill, ed., AT&T Bell Laboratories, 1987, P. 784.

“Alexander Graham Bell and the Conquest of Solitude”, R.V. Bruce, Bell. Boston, Little, Brown and Company, 1973, p. 121.

Bell System Technical Journal, Julio, 1928.

“Wireless Access and the local telephone network”, George Calhoun, Artech